ORACIÓN A LA VIRGEN DE LA SALUD

¡Virgen María, Madre de la Salud! Tu Hijo divino te encargó que fueras también Madre de todos los hombres. Desde entonces, con admirable fidelidad, has estado presente en la vida de la Iglesia y de cada uno de sus hijos; como ejemplar de todas las virtudes personales y comunitarias; como medianera nuestra ante Dios, y como madre de la vida divina que Cristo nos comunica.
Tú conoces nuestros sufrimientos y problemas, nuestras infidelidades y caídas. A ejemplo tuyo y con tu ayuda, aceptamos el plan de nuestro Padre Celestial que, en Cristo y por el Espíritu Santo quiere salvarnos a través de las pruebas y sufrimientos de la vida temporal, hasta darnos la plenitud de su vida sin término. Amén.

domingo, 24 de febrero de 2019

PRACTIQUEMOS LA MISERICORDIA

Durante el rezo del Ángelus en la Plaza de San Pedro este domingo 24 de febrero, el Papa Francisco invitó a los fieles, los discípulos de Cristo, a aprender bien y practicar la cultura de la misericordia.
El Santo Padre señaló que “el Evangelio de este domingo trata de un punto central y característico de la vida cristiana: el amor por los enemigos. Las palabras de Jesús son claras: ‘A vosotros que escucháis, yo os digo: amad a vuestros enemigos, haced el bien a aquellos que os odian, bendecid a aquellos que os maldicen, rezad por aquellos que os tratan mal’”.
“No es algo opcional, es un mandato”, resaltó Francisco. “Él sabe muy bien que amar a los enemigos es algo que va más allá de nuestras posibilidades, pero para eso se hizo hombre: no para dejarnos igual que estábamos, sino para transformarnos en hombres y mujeres capaces de un amor mayor, el de su Padre y nuestro”.
Imagen relacionadaExplicó que “ese es el amor que Jesús da a aquellos que lo escuchan”. “Con Él, gracias a su amor, a su Espíritu, nosotros podemos amar incluso a aquellos que no nos aman, incluso a aquellos que nos hacen el mal”.
De ese modo, “Jesús quiere que en cada corazón triunfe el amor de Dios sobre el odio y el rencor. La lógica del amor, que culmina en la Cruz de Cristo, es el distintivo del cristiano, y nos induce a ir al encuentro con corazón de hermanos”.
El Pontífice planteó de qué modo se puede superar ese instinto humano y “la ley mundana de la venganza”. “La respuesta nos la da Jesús en la misma página evangélica: ‘Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso’. Quien escucha a Jesús, quien se esfuerza en seguirlo a pesar de las dificultades, se convierte en hijo de Dios y comienza a parecerse verdaderamente al Padre que está en los cielos. Nos volvemos capaces de cosas que jamás habríamos pensado que podríamos decir o hacer”.
“No hay nada más grande y más fecundo que el amor”, aseguró el Papa. “El amor confiere a la persona toda su dignidad, mientras que el odio y la venganza disminuyen, degradan la belleza de la criatura hecha a imagen de Dios”.
“Este mandamiento de responder al insulto y al mal con el amor, generó en el mundo una nueva cultura: la cultura de la misericordia que da vida a una verdadera revolución”.
Esa revolución es “la revolución del amor, cuyos protagonistas son los mártires de todos los tiempos”.
“En ocasiones para nosotros es más fácil recordar el mal que nos han hecho y no las cosas buenas. Hasta el punto de que se vuelve una enfermedad, nos volvemos coleccionistas de injusticias: únicamente recuerdo las cosas malas que me han hecho, y ese no es el camino. Debemos hacer lo contrario, recordar las cosas buenas, y cuando alguno viene con una habladuría, hablando mal del otro, hay que contestarle: ‘sí, tal vez, pero tiene esto de bueno’. Darle la vuelta al discurso: esa es la revolución de la misericordia”.
El Papa finalizó insistiendo en que “debemos perdonar porque Dios nos ha perdonado y nos perdona siempre. Si no perdonamos del todo, no podemos pretender que seamos perdonados”.
Por el contrario, “si nuestros corazones se abren a la misericordia, si se sella el perdón con un abrazo fraterno y si se estrechan los vínculos de comunión, proclamamos ante el mundo que es posible derrotar el mal con el bien”.
Tomado de: https://www.aciprensa.com/noticias/el-papa-francisco-hace-un-llamado-a-practicar-la-cultura-de-la-misericordia-23742

domingo, 17 de febrero de 2019

LAS BIENAVENTURANZAS

Durante el rezo del Ángelus este domingo 17 de febrero en la Plaza de San Pedro del Vaticano, el Papa Francisco afirmó que las Bienaventuranzas nos ayudan a no confiar en las cosas materiales o pasajeras.
Resultado de imagen para las bienaventuranzasEn su reflexión ante miles de fieles presentes, el Santo Padre reflexionó sobre el Evangelio del día, en el que San Lucas narra el episodio de las Bienaventuranzas: “Son un mensaje decisivo que nos alienta a no poner nuestra confianza en las cosas materiales y pasajeras, a no crear la felicidad siguiendo a los vendedores de humo, que muchas veces son vendedores de muerte, a los profesionales de la ilusión. No los sigan. Son incapaces de dar esperanza”, dijo.
Mediante las Bienaventuranzas, “el Señor nos ayuda a abrir los ojos, a adquirir una mirada más penetrante sobre la realidad, a curar la miopía crónica que el espíritu mundano nos contagia”.
“El texto se articula en cuatro Bienaventuranzas y cuatro advertencias formuladas con la expresión ‘ay de vosotros’. Con estas palabras, fuertes e incisivas, Jesús nos abre los ojos, nos hace ver con su mirada más allá de las apariencias, más allá de la superficie, y nos enseña a discernir las situaciones con fe”.
En su sermón, “Jesús declara bienaventurados a los pobres, a los hambrientos, a los afligidos, a los perseguidos; y advierte a aquellos que son ricos, siempre sonrientes, que están saciados, y que son aclamados por la gente”.
El Papa explicó que “la razón de estas bienaventuranzas paradójicas está en el hecho de que Dios es cercano a aquellos que sufren, e interviene para liberarlos de su esclavitud; Jesús ve esto, ve la bienaventuranza más allá de la realidad negativa”.
Del mismo modo, “el ‘ay de vosotros’, dirigido a aquellos que lo pasan bien, sirve para despertarlos del peligroso engaño del egoísmo y abrirlos a la lógica del amor, mientras estén a tiempo de hacerlo”.
Según explicó Francisco, las palabras de Jesús en el Monte de las Bienaventuranzas son una enseñanza contra el peligro de la idolatría: “La página del Evangelio de hoy nos invita, por lo tanto, a reflexionar sobre el sentido profundo de tener fe, que consiste en fiarse totalmente del Señor. Se trata de derrumbar los ídolos mundanos para abrir el corazón al Dios vivo y verdadero; solo Él puede dar a nuestra existencia esa plenitud tan deseada y, al mismo tiempo, tan difícil de alcanzar”.
De hecho, “son muchos, también en nuestros días, aquellos que se presentan como dispensadores de felicidad: prometen el éxito en poco tiempo, grandes ganancias entregadas en mano, soluciones mágicas a todo problema… Y aquí es fácil deslizarse sin darse cuenta hacia el pecado contra el primer Mandamiento: la idolatría, sustituir a Dios por un ídolo”.
“Idolatría e ídolos parecen cosas de otros tiempos, pero en realidad pertenecen a todos los tiempos”, advirtió el Papa. “Describen algunas actitudes contemporáneas mejor que muchos análisis sociológicos”.
Por ello, “Jesús nos abre los ojos a la realidad. Estamos llamados a la felicidad, a ser bienaventurados, y lo conseguimos en la medida en que nos situamos de parte de Dios, de su Reino, de la parte de aquello que no es efímero, sino que dura para la vida eterna”.
“Somos felices si nos reconocemos necesitados delante de Dios y si, como Él y con Él, permanecemos cercanos a los pobres, a los afligidos, a los hambrientos. También nosotros delante de Dios somos pobres, afligidos y hambrientos”.
“Somos capaces de la alegría cada vez que, poseyendo bienes en este mundo, no nos hacemos ídolos a los que entregar nuestra alma, sino que somos capaces de compartirlo con nuestros hermanos”, destacó el Papa.
Tomado de: https://www.aciprensa.com/noticias/el-papa-francisco-llama-a-derrumbar-los-idolos-mundanos-y-abrir-el-corazon-a-dios-57034

domingo, 10 de febrero de 2019

APRENDAMOS A OBEDECER AL SEÑOR


El Papa Francisco animó a los fieles cristianos a obedecer con confianza los preceptos de Dios, porque “genera un resultado prodigioso”.
El Santo Padre, durante el rezo del Ángelus que presidió desde el Palacio Apostólico del Vaticano este domingo 10 de febrero, reflexionó sobre el Evangelio del día, en el que se narra cómo Jesús y Pedro se conocen a orillas del lago de Galilea.
Pedro, cuyo nombre real era Simón, era un pescador que pasaba por un mal momento, pues no había tenido suerte en la pesca. Jesús se le acercó y le pidió su podía usar su barca para predicar a la multitud desde la orilla del lago.
 Sus palabras causaron gran impresión en Simón-Pedro, y cuando Jesús finalizó su predicación, se dirigió a él y le pidió que echara las redes al agua para pescar.
“En un primer momento, Simón responde con una objeción”, explicó el Papa, pues se habían estado toda la noche en el mar y no habían pescado nada. “Y, como experto pescador podría haber añadido: ‘Si no hemos pescado nada durante la noche, menos aún durante el día’”.
Sin embargo, “inspirado por la presencia de Jesús e iluminado por su Palabra, dice: ‘pero por tu palabra echaré las redes’. Es la respuesta de la fe, a la que también nosotros estamos llamados a dar; es la actitud de disponibilidad que el Señor nos pide a todos sus discípulos, sobre todo a los que tienen funciones de responsabilidad en la Iglesia”.
Esa obediencia confiada de Pedro “genera un resultado prodigioso: ‘pescó una cantidad enorme de peces’”.
“Se trata de una pesca milagrosa, signo del poder de la Palabra de Jesús: cuando nos ponemos con generosidad a su servicio, Él hace cosas grandes en nosotros”.
El Papa destacó que el modo en que el Señor actuó con Pedro “es como actúa con cada uno de nosotros: nos pide que lo acojamos sobre la barca de nuestra vida para partir con Él y pescar en un nuevo mar que se revela cargado de sorpresas”.
“Su invitación a salir a un mar abierto a la humanidad de nuestro tiempo, para dar testimonio de bondad y de misericordia, da un sentido nuevo a nuestra existencia, que a menudo está en riesgo de plegarse sobre sí misma”.
Afirmó Francisco que “en ocasiones podemos quedarnos sorprendidos y titubeantes ante la llamada que nos dirige el Maestro divino, y estamos tentados a rechazarla con motivo de nuestra insuficiencia”.
Resultado de imagen para Jesús en la barca de Pedro
Explicó que eso es lo mismo que le pasó a Pedro cuando, en un primer momento después de recibir la sugerencia de Jesús de volver a echar las redes, se muestra titubeante y, sin embargo, después de la increíble pesca, le dice a Jesús: “Señor, aléjate de mí porque soy un pecador”.
“Es bella esta oración: ‘Señor, apártate de mí porque soy un pecador’”, destacó el Pontífice ante los fieles congregados en la Plaza de San Pedro. “Pero lo dice de rodillas ante aquel al que ya reconoce como ‘Señor’. Y Jesús le da ánimos diciendo: ‘No temas, de ahora en adelante serás pescador de hombres’, porque Dios, si nos fiamos de él, nos libera de nuestro pecado y nos sitúa ante un nuevo horizonte”.
En este sentido, “el milagro más grande realizado por Jesús ante Simón y los otros pescadores decepcionados y cansados, no es tanto la red llena como el haberlos ayudado a no caer víctimas de la decepción y del desánimo ante el fracaso”.
El Papa Francisco finalizó su enseñanza pidiendo a “la Virgen Santa, modelo de inmediata adhesión a la voluntad de Dios, que nos ayude a experimentar la fascinación de la llamada del Señor y nos ponga en disposición de colaborar con Él para difundir por todos sitios su palabra de salvación”.
Tomado de: https://www.aciprensa.com/noticias/papa-francisco-obedecer-a-dios-genera-un-resultado-prodigioso-35475

domingo, 3 de febrero de 2019

NO RECHACEMOS A JESÚS

El Papa Francisco hizo un llamado a los cristianos, durante el rezo del Ángelus este domingo 3 de febrero en la Plaza de San Pedro del Vaticano, a vivir su fe en Dios y no en los milagros.
El Santo Padre recordó que “hoy el mundo necesita ver en los discípulos del Señor a profetas, es decir, a personas valientes y perseverantes a la hora de responder a la vocación cristiana”.
“Personas que siguen el impulso del Espíritu Santo que los empuja a anunciar esperanza y salvación a los pobres y a los excluidos; personas que siguen la lógica de la fe y no de los milagros; personas dedicadas al servicio de todos, sin privilegios no exclusiones. En pocas palabras: personas que se abren a acoger en sí mismas la voluntad del Padre y se esfuerzan en testimoniarla fielmente a los demás”.
Para ilustrar estas afirmaciones, el Pontífice recurrió a la lectura de este domingo, del Evangelio de Lucas. En el fragmento evangélico en el que Jesús se presenta como el Cristo, el enviado del Padre, ante sus conciudadanos de Nazaret en la sinagoga local.
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Ellos, que únicamente veían en Él al hijo de José, reclamaban un milagro, “pero Jesús no quiere y no puede aceptar esa lógica, porque no corresponde al plan de Dios: Dios quiere la fe, ellos quieren milagros; Dios quieren la salvación de todos, ellos quieren un Mesías para su provecho propio”.
“Y para explicar la lógica de Dios, Jesús pone de ejemplo a los dos grandes profetas antiguos: Elías y Eliseo, que Dios había mandado a curar y a salvar a personas no hebreas, de otros pueblos, pero que eran fieles a su palabra”.
Francisco narró cómo “ante esta invitación a abrir los corazones a la gratuidad y a la universalidad de la salvación, los ciudadanos de Nazaret se rebelan, y además adquieren una actitud agresiva que degenera hasta el punto de que se alzaron, y expulsándolo de la ciudad y subiéndolo a lo alto de un monte, trataron de lanzarlo al vacío”.
Resultado de imagen para jesús empujado fuera de la ciudad“Este Evangelio”, señaló el Papa, “nos muestra que el ministerio público de Jesús, comienza con un rechazo y con una amenaza de muerte, paradójicamente, por parte de sus propios conciudadanos”.
“Jesús, al vivir la misión que le fue confiada por el Padre, sabe bien que debe afrontar la fatiga, el rechazo, la persecución y la desconfianza”. Se trata de “un precio que, ayer como hoy, la profecía auténtica está llamada a pagar”.
Sin embargo, “este duro rechazo no desanima a Jesús, sino que le impulsa al camino y a la fecundidad de su acción profética. Él va adelante por su camino, confiando en el amor del Padre”.
El Papa finalizó su enseñanza previa al rezo del Ángelus pidiendo a la Virgen “que podamos crecer y caminar con el mismo ardor apostólico por el Reino de Dios que animó la misión de Jesús”.
Tomado de: https://www.aciprensa.com/noticias/el-papa-francisco-pide-a-los-cristianos-tener-fe-en-dios-y-no-en-los-milagros-38531