ORACIÓN A LA VIRGEN DE LA SALUD

¡Virgen María, Madre de la Salud! Tu Hijo divino te encargó que fueras también Madre de todos los hombres. Desde entonces, con admirable fidelidad, has estado presente en la vida de la Iglesia y de cada uno de sus hijos; como ejemplar de todas las virtudes personales y comunitarias; como medianera nuestra ante Dios, y como madre de la vida divina que Cristo nos comunica.
Tú conoces nuestros sufrimientos y problemas, nuestras infidelidades y caídas. A ejemplo tuyo y con tu ayuda, aceptamos el plan de nuestro Padre Celestial que, en Cristo y por el Espíritu Santo quiere salvarnos a través de las pruebas y sufrimientos de la vida temporal, hasta darnos la plenitud de su vida sin término. Amén.

domingo, 30 de diciembre de 2018

FIESTA DE LA SAGRADA FAMILIA

Hoy se celebra la fiesta de la Sagrada Familia y la Iglesia nos invita a mirar a José, María y al Niño Jesús, quienes desde un principio tuvieron que enfrentar peligros y el exilio a Egipto, pero demostrando que siempre el amor puede más que la muerte. Ellos son reflejo de la Trinidad y modelo de toda familia.

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La fiesta de la Sagrada Familia, que se celebra dentro de la Octava de Navidad, es una celebración que motiva a profundizar en el amor familiar, examinar la propia situación del hogar y buscar soluciones que ayuden al papá, la mamá y los hijos a ser cada vez más como la Familia de Nazaret. La vida familiar no puede reducirse a los problemas de pareja, dejando de lado los valores trascendentes, ya que la familia es signo del diálogo Dios – hombre. Padres e hijos deben estar abiertos a la Palabra y a la escucha, sin olvidar la importancia de la oración familiar que une con fuerza a los integrantes de la familia.

San Juan Pablo II recomendaba mucho el rezo del Santo Rosario dentro de las familias y tenía muy presente aquella frase que dice: “la familia que reza unida, permanece unida”.

Tomado de:https://www.aciprensa.com/noticias/feliz-solemnidad-de-la-sagrada-familia-10566

lunes, 24 de diciembre de 2018

FELIZ NAVIDAD


De los Sermones de san Agustín, obispo
(Sermón 185: PL 38, 997-999) 

LA VERDAD BROTA DE LA TIERRA Y LA JUSTICIA MIRA DESDE EL CIELO 

Despierta, hombre: por ti Dios se hizo hombre. Despierta, tú que duermes, surge de entre los muertos; y Cristo con su luz te alumbrará. Te lo repito: por ti Dios se hizo hombre. 

Resultado de imagen para nacimiento de jesusEstarías muerto para siempre, si él no hubiera nacido en el tiempo. Nunca hubieras sido librado de la carne del pecado, si él no hubiera asumido una carne semejante a la del pecado. Estarías condenado a una miseria eterna, si no hubieras recibido tan gran misericordia. Nunca hubieras vuelto a la vida, si él no se hubiera sometido voluntariamente a tu muerte. Hubieras perecido, si él no te hubiera auxiliado. Estarías perdido sin remedio, si él no hubiera venido a salvarte. 

Celebremos, pues, con alegría la venida de nuestra salvación y redención. Celebremos este día de fiesta, en el cual el grande y eterno Día, engendrado por el que también es grande y eterno Día, vino al día tan breve de esta nuestra vida temporal. 

Él se ha hecho para nosotros justicia, santificación y redención. y así -como dice la Escritura- «el que se gloría que se gloríe en el Señor.» 

La verdad brota, realmente, de la tierra, pues Cristo, que dijo: Yo soy la verdad, nació de la Virgen. Y la justicia mira desde el cielo, pues nadie es justificado por si mismo, sino por su fe en aquel que por nosotros ha nacido. La verdad brota de la tierra, porque la Palabra se hizo carne. Y la justicia mira desde el cielo, porque toda dádiva preciosa y todo don perfecto provienen de arriba. La verdad brota de la tierra, es decir, la carne de Cristo es engendrada en María. Y la justicia mira desde el cielo, porque nadie puede apropiarse nada, si no le es dado del cielo. 

Ya que hemos recibido la justificación por la fe, estamos en paz con Dios, porque la justicia y la paz se besan. Por medio de nuestro Señor Jesucristo, porque la verdad brota de la tierra. Por él hemos obtenido el acceso a esta gracia en que estamos: y nos gloriamos apoyados en la esperanza de la gloria de Dios. Fíjate que no dice «nuestra gloria», sino la gloria de Dios, porque la justicia no procede de nosotros, sino que mira desde el cielo. Por ello el que se gloría que se gloríe no en sí mismo, sino en el Señor. 

Resultado de imagen para nacimiento de jesusPor eso también, cuando el Señor nació de la Virgen, los ángeles entonaron este himno: Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor. 

¿Cómo vino la paz a la tierra? Sin duda porque la verdad brota de la tierra, es decir, Cristo nace de María. Él es nuestra paz, él ha hecho de los dos pueblos una sola cosa, para que todos seamos hombres de buena voluntad, unidos unos a los otros con el suave vínculo de la unidad. Alegrémonos, pues, por este don, para que nuestra gloria sea el testimonio que nos da nuestra conciencia; y así nos gloriaremos en el Señor, y no en nosotros. Por eso dice el salmista: Tú eres mi gloria, tú mantienes alta mi cabeza. 

¿Qué mayor gracia pudo hacernos Dios? Teniendo un Hijo único lo hizo Hijo del hombre, para que el hijo del hombre se hiciera hijo de Dios. 

Busca dónde está tu mérito, busca de dónde procede, busca cuál es tu justicia: y verás que no puedes encontrar otra cosa que no sea pura gracia de Dios.

domingo, 23 de diciembre de 2018

4 DOMINGO DE ADVIENTO - MARÍA VISITA A ISABEL

La figura de María es la protagonista de la liturgia de este cuarto domingo de Adviento, 23 de diciembre, y así lo puso de relieve el Papa Francisco en su reflexión previa al rezo del Ángelus en la Plaza de San Pedro del Vaticano.
“Fijemos la mirada en ella, que es modelo de fe y de caridad”, propuso el Pontífice, “y preguntémonos: ¿Cuáles eran sus pensamientos en los meses de espera? La respuesta la encontramos en el fragmento del Evangelio de hoy, en el que se narra la visita de María a su anciana pariente Isabel”.
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Francisco destacó las palabras de Isabel a María: “¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? Pues, en cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Bienaventurada la que ha creído, porque lo que le ha dicho el Señor se cumplirá”.
“Es evidente –continuó el Santo Padre– el contraste entre María, que ha tenido fe, y Zacarías, el marido de Isabel, que no había creído en la promesa del ángel y que por ese motivo se había quedado mudo hasta el nacimiento de Juan”.
Este episodio evangélico “nos ayuda a leer con una luz particular el misterio del encuentro del hombre con Dios. Un encuentro que no se produce con asombrosos prodigios, sino más bien bajo el signo de la fe y de la caridad”.
De hecho, “María es bienaventurada porque ha creído: el encuentro con Dios es fruto de la fe. Zacarías, por el contrario, que no había creído, quedó sordo y mudo, para que pudiera crecer en la fe durante el largo silencio”.
La enseñanza es clara: “sin fe se permanece inevitablemente sordo a la voz consoladora de Dios, y se queda incapaz de pronunciar palabras de consuelo y de esperanza para nuestros hermanos”.
“La fe, a su vez, se alimenta de la caridad”. María, en vez de acudir rápidamente a ayudar a Isabel “se podría haber quedado en casa para preparar el nacimiento de su hijo. En cambio, se preocupa de los demás antes que de sí misma, demostrando con los hechos que ya es discípula de ese Señor que lleva en su vientre”.
De ese modo, “el evento del nacimiento de Jesús comenzó así, con un simple gesto de caridad. La caridad auténtica siempre es fruto del amor de Dios”.
“El Evangelio de la visita de María a Isabel nos prepara para vivir bien la Navidad, comunicándonos el dinamismo de la fe y de la caridad. Este dinamismo es obra del Espíritu Santo: el Espíritu de Amor que fecundó el vientre virginal de María y que la empuja a acudir al servicio de su pariente anciana”.
Se trata, concluyó el Papa, de “un dinamismo lleno de alegría, como se ve en el encuentro entre las dos madres, que es todo un himno de exultante alegría en el Señor, que realiza grandes cosas con los pequeños que se fían de Él”.
Tomado de: https://www.aciprensa.com/noticias/caridad-y-servicio-el-papa-explica-como-preparo-la-virgen-maria-al-primera-navidad-34449

domingo, 16 de diciembre de 2018

III DOMINGO DE ADVIENTO

Resultado de imagen para iii domingo de adviento ciclo cEn su reflexión antes del rezo del Ángelus este domingo en la Plaza de San Pedro, el Papa Francisco explicó que el tercer domingo de Adviento, llamado también domingo de Gaudete, es un llamado a la alegría a pesar de los problemas y los sufrimientos, pero para acogerla es necesario ser capaz de cuestionarse haciéndose una importante pregunta.
“En medio de los problemas y los sufrimientos”, la certeza de que Dios acompaña a sus hijos “alimenta la esperanza y el coraje, pero para acoger la invitación del Señor a la alegría, es necesario ser personas dispuestas a cuestionarse. Así como los que escucharon a San Juan Bautista se preguntaban ¿Qué cosa debemos hacer? Cada uno debe preguntarse ¿Qué debo hacer? Esta pregunta es la primera que estamos invitados a hacernos en este tiempo de Adviento”.
Tras recordar que San Pablo alienta a no “angustiarse sin esperanza”, Francisco resaltó que “la consciencia de que en las dificultades podemos siempre dirigirnos al Señor, y que Él no desoye nunca nuestras invocaciones, es un gran motivo de alegría. Ninguna preocupación, ningún miedo logrará nunca arrebatarnos la serenidad que viene de Dios, del saber que Dios guía amorosamente nuestra vida, siempre”.
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El Papa recordó que en la liturgia de hoy, “el profeta Sofonías se dirige con estas palabras a la pequeña porción del pueblo de Israel: ‘Alégrate hija de Sión, grita de alegría, Israel exulta y aclama con todo el corazón, hija de Jerusalén’. Los habitantes de la ciudad santa son llamados a alegrarse porque el Señor ha revocado su condena”.
“Dios ha perdonado, no ha querido castigar. En consecuencia para el pueblo no hay más motivo de tristeza ni desconsuelo, sino que todo lleva a una gratitud alegre hacia Dios, que siempre quiere rescatar y salvar a quien ama”, continuó el Santo Padre.
“El amor del Señor por su pueblo es incesante, comparable con la ternura del padre por sus hijos, del esposo por la esposa”, indicó. “Esto es lo que se llama el domingo de la Alegría, el tercer domingo de Adviento” agregó.
Lo que dice Sofonías, prosiguió el Papa, es profético y ayuda a preparase para la venida de Jesús en Navidad, porque su mensaje encuentra su pleno significado en la “anunciación a María, narrada por el evangelista Lucas. Las palabras dirigidas por el ángel Gabriel a la Virgen son como un eco de las del profeta: ‘Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo’”.
“En un pueblo perdido de Galilea, en el corazón de una joven mujer desconocida para el mundo, Dios enciende la chispa de la felicidad para el mundo entero. Y hoy el mismo anuncio se dirige a la Iglesia, llamada a acoger el Evangelio, para que se haga carne, vida concreta”.
Este anuncio se dirige “a todos nosotros: ‘Alégrate, pequeña comunidad cristiana, pobre y humilde pero bella a mis ojos porque deseas ardientemente mi Reino, tienes hambre y sed de justicia, tejes pacientemente redes de paz, no sigues a los poderosos de turno sino que permaneces fielmente junto a los pobres. Y así no tienes miedo a nada y tu corazón está en la alegría”.
Para concluir, el Pontífice hizo votos para que “la Virgen María nuestra madre, nos ayude a abrir nuestro corazón a Dios-que-viene, para que Él inunde de alegría toda nuestra vida”.
El tercer domingo de Adviento es llamado domingo de gaudete, o de la alegría, por la primera palabra del introito de la Misa: Gaudete, es decir, regocíjense.
En esta fecha se permite la vestidura rosa para el sacerdote como signo de gozo, y la Iglesia invita a los fieles a alegrarse porque ya está cerca el Señor. En la Corona de Adviento se enciende la tercera llama, la vela rosada.
TOMADO DE: https://www.aciprensa.com/noticias/papa-francisco-el-tercer-domingo-de-adviento-invita-a-la-alegria-a-pesar-de-los-problemas-19275

domingo, 9 de diciembre de 2018

PREPARAR EL CAMINO DEL SEÑOR

El Papa Francisco realizó un llamado a corregir durante el Adviento los “baches” de la vida, producidos por la frialdad, para preparar la venida del Señor.
Durante el rezo del Ángelus este domingo 9 de diciembre en la Plaza de San Pedro del Vaticano, el Santo Padre aseguró que “no se puede tener una relación de amor, de caridad, de fraternidad con el prójimo si hay ‘baches’, al igual que no se puede caminar por una calle llena de baches. Ello exige un cambio de actitud. Y todo ello con una atención especial para los más necesitados”.
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En su reflexión explicó que la liturgia de este segundo domingo de Adviento la liturgia “nos indica cómo dar sustancia a la espera del Señor: emprendiendo un camino de conversión”.
“Como guía para este camino, el Evangelio nos presenta la figura de Juan el Bautista, quien recorre toda la región del Jordán predicando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados”.
Destacó que “para preparar el camino al Señor que viene, es necesario tener en cuenta las exigencias de la conversión a la cual nos invita el Bautista. ¿Cuáles son estas exigencias para una conversión? Ante todo, estamos llamados a corregir los efectos producidos por la frialdad y la indiferencia, abriéndonos a los demás con los mismos sentimientos de Jesús, es decir, con la cordialidad y la atención fraterna que se hace cargo de las necesidades del prójimo”.
Después, “es necesario limar las muchas asperezas causadas por el orgullo y la soberbia. Cuánta gente, quizás sin darse cuenta, es soberbia, es áspera, no tiene una actitud de cordialidad. Es necesario superar esto realizando gestos concretos de reconciliación con nuestros hermanos, de petición de perdón de nuestras culpas. No es fácil reconciliarse. Siempre se piensa: ‘¿Quién da el primer paso?’. El Señor nos ayuda en esto, si tenemos buena voluntad”.
“La conversión, de hecho, queda completa si conduce a reconocer humildemente nuestros errores, nuestras infidelidades y nuestros incumplimientos”.
En este sentido, el Pontífice recordó que “el creyente es aquel que, por medio de su voluntad de hacerse cercano al hermano, como Juan el Bautista, abre caminos en el desierto, lo cual indica unas perspectivas de esperanza también en aquellos contextos existenciales impermeables, marcados por el fracaso y la derrota”.
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“No podemos rendirnos ante las situaciones negativas de cierre y de rechazo; no debemos dejarnos someter por la mentalidad del mundo, porque el centro de nuestra vida es Jesús y su palabra de luz, de amor, de consuelo”, exhortó.
Subrayó que “el Bautista invita a la conversión de la gente de su tiempo con fuerza, vigor y severidad. Al mismo tiempo, sabía escuchar, sabía realizar gestos de ternura y de perdón hacia la multitud de hombres y mujeres que se acercaban a él para confesar sus pecados y bautizarse con el bautismo de penitencia”.
“El testimonio de Juan el Bautista nos ayuda a ir adelante en nuestro testimonio de vida. La pureza de su anuncio, su valentía al proclamar la verdad lograron despertar las esperanzas en el Mesías que durante mucho tiempo habían permanecido dormidos”.
“También hoy los discípulos de Jesús están llamados a ser sus humildes pero valientes testigos para reavivar la esperanza, para hacer comprender que, a pesar de todo, el reino de Dios continúa construyéndose día a día con el poder del Espíritu Santo”.
El Papa finalizó invitando a pensar “cada uno de nosotros: ¿cómo puedo cambiar mi actitud para prepara el camino al Señor?”.
Tomado de: https://www.aciprensa.com/noticias/el-papa-pide-corregir-los-baches-de-la-vida-para-preparar-la-venida-del-senor-33951