ORACIÓN A LA VIRGEN DE LA SALUD

¡Virgen María, Madre de la Salud! Tu Hijo divino te encargó que fueras también Madre de todos los hombres. Desde entonces, con admirable fidelidad, has estado presente en la vida de la Iglesia y de cada uno de sus hijos; como ejemplar de todas las virtudes personales y comunitarias; como medianera nuestra ante Dios, y como madre de la vida divina que Cristo nos comunica.
Tú conoces nuestros sufrimientos y problemas, nuestras infidelidades y caídas. A ejemplo tuyo y con tu ayuda, aceptamos el plan de nuestro Padre Celestial que, en Cristo y por el Espíritu Santo quiere salvarnos a través de las pruebas y sufrimientos de la vida temporal, hasta darnos la plenitud de su vida sin término. Amén.

lunes, 12 de enero de 2009

ORACIÓN A LA VIRGEN DE LA SALUD



¡Virgen María, Madre de la Salud! Tu Hijo divino te encargó que fueras también Madre de todos los hombres. Desde entonces, con admirable fidelidad, has estado presente en la vida de la Iglesia y de cada uno de sus hijos; como ejemplar de todas las virtudes personales y comunitarias; como medianera nuestra ante Dios, y como madre de la vida divina que Cristo nos comunica.
Tú conoces nuestros sufrimientos y problemas, nuestras infidelidades y caídas. A ejemplo tuyo y con tu ayuda, aceptamos el plan de nuestro Padre Celestial que, en Cristo y por el Espíritu Santo quiere salvarnos a través de las pruebas y sufrimientos de la vida temporal, hasta darnos la plenitud de su vida sin término. Amén.






Virgen de la Salud. Confiados en tu maternal mediación, te pedimos nos alcances de Dios una fe fuerte para vencer el pecado; una caridad ardiente para perdonar a todo el que nos haga mal. Protégenos en los peligros de los viajes; pedimos tu protección maternal en los sufrimientos, en las enfermedades, en la soledad, en la incomprensión y en los apuros de nuestra pobreza. Que no nos falte el pan espiritual y corporal; y, la alegría de vivir cumpliendo la misión que Dios nos encomendó al darnos la existencia. Que nos sintamos Iglesia, responsables de la redención de todos los hombres, nuestros hermanos. Por los dolores que sufriste al recibir en tus brazos el cadáver de tu Hijo, concédenos la gracia de que nuestra muerte será la resurrección a la plena vida que Tú, Madre querida, ya posees por toda la eternidad. Amén.
Se pide la gracia deseada, se reflexiona y se termina con tres avemarías y el Gloria al Padre y al Hijo....