ORACIÓN A LA VIRGEN DE LA SALUD

¡Virgen María, Madre de la Salud! Tu Hijo divino te encargó que fueras también Madre de todos los hombres. Desde entonces, con admirable fidelidad, has estado presente en la vida de la Iglesia y de cada uno de sus hijos; como ejemplar de todas las virtudes personales y comunitarias; como medianera nuestra ante Dios, y como madre de la vida divina que Cristo nos comunica.
Tú conoces nuestros sufrimientos y problemas, nuestras infidelidades y caídas. A ejemplo tuyo y con tu ayuda, aceptamos el plan de nuestro Padre Celestial que, en Cristo y por el Espíritu Santo quiere salvarnos a través de las pruebas y sufrimientos de la vida temporal, hasta darnos la plenitud de su vida sin término. Amén.

miércoles, 20 de agosto de 2014

AGOSTO, MES AGUSTINIANO

Durante el mes de agosto, la comunidad de los Padres Agustinos en el mundo, celebramos la fiesta de nuestro Padre San Agustín; por eso durante el mes se hacen diferentes actividades en las parroquias o en los colegios, como la novena misma, o actividades culturales y deportivas. 
El 28 de Agosto se celebra su fiesta, pues fue el día en el que cerró sus ojos para este mundo, pero su corazón inquieto finalmente encontró el descanso el Dios.

Ordenado presbítero construye un monasterio en un huerto, donado por el obispo Valerio, y escribe una Regla que han de guardar los compañeros que van creciendo en gran número, así comienza la Orden de San Agustín.

El Papa S. Juan Pablo II, escribió una Carta Apostólica sobre san Agustín, en la que afirma:
 AGUSTÍN DE HIPONA, desde que apenas un año después de su muerte fue catalogado como uno de los "mejores maestros de la Iglesia" por mi lejano predecesor Celestino I, ha seguido estando presente en la vida de la Iglesia y en la mente y en la cultura de todo el Occidente. Después, otros Romanos Pontífices, por no hablar de los Concilios que con frecuencia y abundantemente se han inspirado en sus escritos, han propuesto sus ejemplos y sus documentos doctrinales para que se les estudiara e imitara. León XIII exaltó sus enseñanzas filosóficas en la Encíclica Aeterni Patris; Pío XI reasumió sus virtudes y su pensamiento en la Encíclica Ad salutem humani generis, declarando que por su ingenio agudísimo, por la riqueza y sublimidad de su doctrina, por la santidad de su vida y por la defensa de la verdad católica nadie, o muy pocos se le pueden comparar de cuantos han florecido desde los principios del género humano hasta nuestros días; Pablo VI afirmó que "además de brillar en él de forma eminente las cualidades de los Padres, se puede afirmar en verdad que todo el pensamiento de la antigüedad confluye en su obra y que de ella derivan corrientes de pensamiento que empapan toda la tradición doctrinal de los siglos posteriores.
Yo mismo he añadido mi voz a la de mis predecesores, expresando el vivo deseo de que "su doctrina filosófica, teológica y espiritual se estudie y se difunda, de tal modo que continúe... su magisterio en la Iglesia; un magisterio, añadía, humilde y luminoso al mismo tiempo, que habla sobre todo de Cristo y del amor". He tenido ocasión además de recomendar especialmente a los hijos espirituales del gran Santo que mantengan "vivo y atrayente el encanto de San Agustín también en la sociedad moderna", ideal estupendo y entusiasmante, porque "el conocimiento exacto y afectuoso de su pensamiento y de su vida provoca la sed de Dios, descubre el encanto de Jesucristo, el amor a la sabiduría y a la verdad, la necesidad de la gracia, de la oración, de la virtud, de la caridad fraterna, el anhelo de la eternidad feliz".  (CARTA APOSTÓLICA AUGUSTINUM HIPPONENSEM DEL SUMO PONTÍFICE JUAN PABLO II EN EL XVI CENTENARIO DE LA CONVERSIÓN DE SAN AGUSTÍN).

Pero quien dedicó varias reflexiones sobre san Agustín fue el Papa Benedicto XVI, un gran conocedor del Santo. Él afirma lo siguiente: 
Pocas veces una civilización ha encontrado un espíritu tan grande, capaz de acoger sus valores y de exaltar su riqueza intrínseca, inventando ideas y formas de las que se alimentarían las generaciones posteriores, como subrayó también Pablo VI:  «Se puede afirmar que todo el pensamiento de la antigüedad confluye en su obra y que de ella derivan corrientes de pensamiento que empapan  toda  la  tradición doctrinal de los  siglos  posteriores» (AAS, 62, 1970, p. 426:  L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 31 de mayo de 1970, p. 10).
San Agustín es, además, el Padre de la Iglesia que ha dejado el mayor número de obras. Su biógrafo, Posidio, dice:  parecía imposible que un hombre pudiera escribir tanto durante su vida. En un próximo encuentro hablaremos de estas diversas obras. Hoy nuestra atención se centrará en su vida, que puede reconstruirse a través de sus escritos, y en particular de las Confesiones, su extraordinaria autobiografía espiritual, escrita para alabanza de Dios, que es su obra más famosa. Las Confesiones, precisamente por su atención a la interioridad y a la psicología, constituyen un modelo único en la literatura occidental, y no sólo occidental, incluida la no religiosa, hasta la modernidad. Esta atención a la vida espiritual, al misterio del yo, al misterio de Dios que se esconde en el yo, es algo extraordinario, sin precedentes, y permanece para siempre, por decirlo así, como una "cumbre" espiritual...

Al seguir profundizando en el estudio de las Escrituras y de los textos de la tradición cristiana, san Agustín se convirtió en un obispo ejemplar por su incansable compromiso pastoral:  predicaba varias veces a la semana a sus fieles, ayudaba a los pobres y a los huérfanos, cuidaba la formación del clero y la organización de monasterios femeninos y masculinos.
En poco tiempo, el antiguo retórico se convirtió en uno de los exponentes más importantes del cristianismo de esa época:  muy activo en el gobierno de su diócesis, también con notables implicaciones civiles, en sus más de 35 años de episcopado, el obispo de Hipona influyó notablemente en la dirección de la Iglesia católica del África romana y, más en general, en el cristianismo de su tiempo, afrontando tendencias religiosas y herejías tenaces y disgregadoras, como el maniqueísmo, el donatismo y el pelagianismo, que ponían en peligro la fe cristiana en el Dios único y rico en misericordia.
Y san Agustín se encomendó a Dios cada día, hasta el final de su vida:  afectado por la fiebre mientras la ciudad de Hipona se encontraba asediada desde hacía casi tres meses por los vándalos invasores, como cuenta su amigo Posidio en la Vita Augustini, el obispo pidió que le transcribieran con letras grandes los salmos penitenciales "y pidió que colgaran las hojas en la pared de enfrente, de manera que desde la cama, durante su enfermedad, los podía ver y leer, y lloraba intensamente sin interrupción" (31, 2). Así pasaron los últimos días de la vida de san Agustín, que falleció el 28 de agosto del año 430, sin haber cumplido los 76 años.


 (Audiencias generales del Papa Benedicto XVI, dadas en Roma en el 2008. BENEDICTO XVI  AUDIENCIA GENERAL. Miércoles 9 de enero de 2008)



lunes, 7 de julio de 2014

LA SELECCIÓN COLOMBIA Y EL MUNDIAL

Durante este mundial de fútbol FIFA 2014, en Brasil, los colombianos vivimos días muy alegres y llenos de mucha esperanza y satisfacción, por el excelente desempeño de los muchachos de nuestra selección. Muchas cosas quedan para reflexionar, después de la participación en este certamen mundialista. En primer lugar hay que reconocer lo importante que es el trabajo en equipo, cuando se buscan metas en grupo, cuando todos caminamos hacia el mismo objetivo; también se pudo notar que Colombia, un país atormentado en muchos momentos por las consecuencias de una guerra fratricida, puede vivir momentos de paz y de unidad en busca de un mismo sueño, el fútbol nos unió con un solo corazón que palpitaba con cada jugada de nuestros paisanos. 

(Foto tomada de: http://www.telepacifico.com/news/show/title/los-r-cords-de-la-selecci-n-colombia/src/@random508f393b206f8)

Que esta experiencia del mundial con nuestra selección, nos sirva verdaderamente para fortalecer aún más nuestros lazos de fraternidad entre los colombianos, que sea la oportunidad para renacer con la firme esperanza de trabajar juntos por la paz y el progreso de nuestro país. No dejemos todo en las decisiones de nuestros gobernantes, que muchas veces buscan intereses personales y partidistas. "Jesús nos pide que le sigamos toda la vida, que seamos sus discípulos, que juguemos en su equipo. Jesús nos ofrece algo más grande que la copa del mundo, nos ofrece la oportunidad de una vida fecunda y feliz... nos pide estar en forma para afrontar sin miedo la vida, dando testimonio de nuestra fe" (SS. Francisco, JMJ 2013).

sábado, 7 de junio de 2014

PENTECOSTÉS

Han pasado 50 días desde la resurrección del Señor. Nos alegramos ahora con esta solemnidad de Pentecostés, donde el Señor cumple su promesa de enviarnos al Espíritu Santo.

Hermanos, el Espíritu Santo hace posible todo esto en nosotros: rompe nuestras divisiones causadas por el alejamiento del amor de Dios y lo convierte en unidad, nos da nueva vida y la armoniza, nos fortalece y dinamiza, nos da esperanza y nos hace discípulos y misioneros de Cristo. Por eso el evangelio nos habla también del agua viva, es el Espíritu del Resucitado el que produce en nosotros la nueva condición de Hijos de Dios, gracias a Cristo que murió y resucitó, podemos tener el Espíritu de vida, el Espíritu de la Verdad; por lo tanto nuestra vida es vida en Cristo. Alejados de él sólo somos huesos secos, pero si vivimos en él tenemos verdadera vida.

“A veces podemos ser tentados de dejarnos llevar por la pereza o, peor aún, por el desaliento, sobre todo ante las fatigas y las pruebas de la vida. En estos casos, no nos desanimemos, invoquemos al Espíritu Santo, para que con el don de fortaleza dirija nuestro corazón y comunique nueva fuerza y entusiasmo a nuestra vida y a nuestro seguimiento de Jesús” (SS. Francisco)

El Espíritu Santo es el corazón de la Iglesia y de cada cristiano, es el Amor de Dios que habita en nosotros y está siempre con nosotros. A la vez que es un regalo de Dios, el Espíritu Santo nos da diversos regalos espirituales a quien lo acoge: sabiduría, inteligencia, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios.

El espíritu Santo es un regalo muy hermoso que el Señor nos da a todos. Recibámoslo dignamente, abramos nuestro corazón y dejemos que él nos transforme. Que en cada eucaristía se encienda en nosotros el fuego del Espíritu que descendió sobre los Apóstoles el día de Pentecostés, y nos haga valerosos discípulos del Señor resucitado. 

lunes, 2 de junio de 2014

DE LA ASCENSIÓN A PENTECOSTÉS


Pero subir al cielo no es abandonar la tierra. Jesús sigue entre nosotros "Sépanlo, yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo" nos dice el evangelio de Mateo (28,20) y su palabra es verdadera. Debemos alegrarnos porque Cristo ha tomado nuestra condición humana y la ha glorificado. 

El domingo pasado celebrábamos la solemnidad de la ascensión del Señor, donde la liturgia nos hacía movernos en dos puntos, de manera especial: la alegría y la misión. La alegría, porque el mismo Dios que por amor ha bajado a nosotros, se ha encarnado en el vientre de María y ha vivido entre nosotros hasta entregar su vida por todos, es el mismo que después de resucitar ha subido al cielo. 


Pero también debemos recordar nuestra misión. No podemos quedarnos parados mirando al cielo, como los apóstoles el día de la ascensión, debemos tomar conciencia de que esa alegría debemos compartirla con los demás. "Vayan por todo el mundo y hagan discípulos míos". Esa es la misión, dar testimonio del amor de Cristo y anunciarlo a los demás, para que otros también se acerquen al Señor. 

El próximo domingo celebraremos Pentecostés, donde Cristo cumple la promesa de enviarnos a un Defensor, a un abogado, al espíritu Santo. Fiesta de la unidad, de la comunión, de la alegría que produce la presencia del Espíritu en nuestras vidas. 

sábado, 10 de mayo de 2014

DOMINGO DE JESÚS BUEN PASTOR


Queridos hermanos, celebramos este domingo 11 de mayo el día del Buen Pastor. El Evangelio de este día tomado de san Juan, nos presenta a Jesús que ama a sus ovejas, que las cuida y que las conoce muy bien a cada una, pues "a cada una la llama por su nombre". Para él no somos simples números, como sucede en nuestra sociedad: el paciente número tal, el turno número tal.... Para Jesús, todos tenemos identidad, para él todos somos importantes, a todos nos conoce y a cada uno nos llama por el nombre.



Otra característica del Buen Pastor, es su capacidad de dar la vida por sus ovejas, su amor es infinito. Por eso las ovejas conocen la voz de su Pastor y lo siguen; cuando escuchan su voz se alegran y con confianza salen a su encuentro. Jesús, el Buen Pastor, entra por la puerta, no por otros lados como el ladrón. La pregunta sería, nosotros - sus ovejas - ¿conocemos su voz? ¿Sabemos quién es Jesús? ¿Tenemos confianza en él? ¿Lo seguimos?

Jesús afirma, que a pesar de ser tan bueno con las ovejas, de cuidarlas y conocerlas a todas, de darles buenos pastos... sin embargo, hay algunas que se van a buscar otros pastos, le dan la espalda, se cansan de ser amadas, no escuchan la voz del pastor. Y esto lo vemos cotidianamente entre nosotros, cuántas personas no se han alejado de la Iglesia, del rebaño, por seguir otros falsos pastores, otros pseudo-rebaños, otras doctrinas... Y sin embargo, a ellas también las ama el Señor y a ellas también hay que buscarlas, hay que llamarlas.... aunque muchas veces son necias, ariscas, no quieren escuchar y no aceptan su error; creyendo que están con el buen pastor y en buenos pastos, prefieren seguir en el error que continuar felices con el verdadero pastor, con Cristo, en su Iglesia.

Pidamos, hermanos, al Señor, al Buen Pastor, que bendiga a su Iglesia, a sus ovejas, y que provea de buenos pastores que llenos de Cristo continúen pastoreando este rebaño. Y oremos constantemente por aquellas ovejas que se han apartado y han buscado otros pastos que no nutren de verdad, para que prontamente se den cuenta de su error y vuelvan a los brazos de la Iglesia, que son los brazos de Cristo, el Buen Pastor.

jueves, 8 de mayo de 2014

FIESTA DE NUESTRA SEÑORA DE GRACIA

Apreciados hermanos, estamos celebrando hoy, 8 de mayo, la Fiesta de Nuestra Señora de Gracia, patrona de la Provincia agustina de Colombia. Desde hace varios siglos (s. XIII) , la comunidad agustiniana ha tenido una reverencia especial con la Virgen María y ha tenido diversas advocaciones a lo largo de varias centurias. Así, por ejemplo, han sido advocaciones nuestras Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, cuya advocación nació en Palermo (Sicilia, Italia), también otras como Nuestra Señora de la Consolación y correa, o Nuestra Señora del Buen Consejo y Nuestra Señora de Gracia, entre otras.


En alguna época se le llegó a llamar a los Padres Agustinos "Gracianos", por su profunda devoción a la Virgen Nuestra Señora de Gracia. Y es que se le ha dado mucha importancia a esta advocación, porque ha nacido en el seno del Evangelio mismo, pues debe su razón de ser al texto de san Lucas 1,26-38, de manera especial en el versículo 28, cuando el ángel saluda a la Virgen: "Entró el ángel a donde estaba ella y le dijo: Alégrate, llena de Gracia, el Señor está contigo".

        "María, al decir: ¿cómo será eso, pues no conozco varón?, lo dijo preguntando, no porque no lo creyese. Hizo una pregunta a Dios, sin dudar de la promesa. ¡Oh llena de Gracia en Verdad! Así le saludó el ángel: Salve, llena de gracia. ¿Quién sabrá explicar esta gracia? ¿Quién será capaz de agradecer lo suficiente esta gracia? Tiene lugar la creación del hombre; por su propia voluntad perece el hombre, y aparece hecho hombre quien creó al hombre para que no pereciera el hombre que creó. La Palabra, Dios junto a Dios desde el principio, por quien fueron hechas todas las cosas, se hace carne: La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. La Palabra se hace carne, pero uniéndose la carne a la Palabra, sin que desaparezca la Palabra en la carne. ¡Oh gracia! ¿Qué habíamos merecido para tener esto?" (San Agustín. Serm. 290, 5).

FELICITACIONES A TODOS LOS AGUSTINOS DE LA PROVINCIA DE NUESTRA SEÑORA DE GRACIA DE COLOMBIA Y A TODOS LOS FIELES QUE PARTICIPAN DE ESTA ESPIRITUALIDAD.

martes, 22 de abril de 2014

ALELUYA, CRISTO HA RESUCITADO

La victoria de Jesús no se puede reducir a una acción pasada. Celebrar la Pascua es tomar conciencia de que también nosotros estamos llamados a resucitar a una vida nueva. La victoria de Jesús continúa hoy en todo creyente que es capaz de abrirse al poder de Dios. “Por tanto, ahora, mientras vivimos en esta carne corruptible, muramos con Cristo cambiando de vida y vivamos con Cristo amando la justicia. La vida feliz no hemos de recibirla más que cuando lleguemos a aquel que vino hasta nosotros y comencemos a vivir con quien murió por nosotros” (San Agustín, serm 231,5).

Creer en la Resurrección es creer en la acción de Dios en la historia; Es creer en el poder de Dios que actúa en los pequeños e indefensos; Es creer que la lucha a favor de la vida de los pobres y desvalidos es mucho más fuerte que las bombas más poderosas de cualquier nación o pueblo. Es creer que hasta de lo más débil y frágil, Dios puede hacer surgir algo nuevo. Hasta la persona más aplastada por el pecado, Dios puede levantarla y convertirla en discípulo.
Creer en la Resurrección es ser capaz de romper con la mezquindad y la mediocridad que todavía queda en nosotros. Es poner la fraternidad por encima de movimientos y grupos, Es echar fuera de mí todo egoísmo, toda hipocresía, todo orgullo, todo miedo, todo aquello que no me deja ser yo mismo. “Escuchemos lo que dice el Apóstol: Si habéis resucitado con Cristo, saboread las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la derecha de Dios; buscad las cosas de arriba, no las de la tierra… Si vivimos bien, hemos muerto y resucitado; quien, en cambio, aún no ha muerto ni ha resucitado, vive mal todavía; y, si vive mal, no vive. … si vive bien, ha resucitado” (San Agustín, serm 231,3).

Esta noche no estamos recordando un muerto, estamos celebrando que Cristo ha resucitado, que sigue vivo, actuando en cada uno de nosotros. Celebrar la resurrección es tener la alegría de sabernos amados, de tener la seguridad de que Dios nos escucha cuando le hablamos por medio de la oración. Vivir la resurrección es tener la experiencia de que Jesús puede cambiar nuestra vida, revivir lo bueno que hay en nosotros; vivir como resucitados es tener actitudes de amor, comprensión, amabilidad, diálogo, honestidad, solidaridad, justicia, respeto por la vida. Creer en el resucitado es alejarnos de supersticiones, dejar lejos de nosotros los horóscopos, los brujos, los adivinos, los charlatanes que predicen el futuro y condicionan la vida, no crean en esos mentirosos, creamos en Jesús que es la misma verdad, que nos hace libres con la gracia de Dios; creer en el resucitado es poner toda nuestra confianza en Él, es vivir en la alegría de saber que la muerte no tiene la última palabra, defendamos la vida, los niños, los jóvenes, los ancianos, las familias; no aceptemos la muerte, defendamos la vida. San Pablo nos invita a vestirnos con los vestidos del Resucitado: «Amor, alegría, paz, comprensión, servicialidad, bondad, lealtad, amabilidad, dominio de sí» (Ga 5, 22). Queridos hermanos y hermanas, que esta celebración de la Vigilia Pascual, sea la oportunidad de abrir nuestro corazón al Señor, muramos a nuestro pecado y resucitemos a una vida nueva, vivamos como resucitados, amémonos los unos a los otros. Amén.